Su origen es un cruce perfecto de historias. Nació de la destreza del telar ancestral del pueblo Mapuche —quienes ya dominaban el arte de tejer mantas para el frío y la lluvia— mezclado con las necesidades del jinete de la zona central: el huaso. Para andar a caballo necesitaban una prenda firme que abrigara el torso pero dejara los brazos libres para mover las riendas. ¿El resultado? El poncho chileno.
Pero el poncho no es una manta cualquiera; es la versión de lujo, nacida y perfeccionada en el pueblo de Doñihue. Y aquí viene su verdadero superpoder: ¡es 100% reversible!
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